Fran Laviada

El asco del sistema

Cuando el poder se alimenta de corrupción, codicia e impunidad, la repugnancia deja de ser una opinión para convertirse en una necesidad moral.

El asco del sistema
El asco del sistema Fran Laviada

Hace unas fechas estaba leyendo en un periódico unas declaraciones efectuadas por el estupendo director cinematográfico (al menos para mi gusto personal) Oliver Stone, y quiero que este texto sirva para decir que me siento totalmente identificado con lo que dice porque a mí, al igual que a él, hay determinados aspectos de esta sociedad que me producen, como mínimo, ganas de vomitar.

Decía Mr. Stone que le repugnaba adónde habían llevado a su país las inmobiliarias y los bancos, entre otros poderosos colectivos que dominan la sociedad moderna, y esto podemos hacerlo extensivo no solo a EE. UU., sino también al resto del mundo, irremisiblemente influenciado por el país del dólar.

Por lo que se puede comprobar, los norteamericanos lo mismo exportan avances de todo tipo con tecnología de última generación que mandan basura (utilizando una denominación bastante benévola) para espolvorearla por todo el universo. Son el país más poderoso de la Tierra (con permiso de los chinos), y el resto de la comunidad internacional a tragar; no queda más remedio que inclinarse ante el más fuerte, aunque siempre hay honrosas excepciones que todavía mantienen intactos tanto dignidad como orgullo, aunque más que nada son posturas meramente testimoniales, ya que el pez grande es tan enorme (tamaño ballena) y el pez chico es tan pequeño (tamaño sardina) que el combate está siempre perdido de antemano para el segundo.

Continuando con el creador de Salvador, El cielo y la tierra, Platoon, Nixon, Wall Street y otras excelentes películas en las que el autor siempre se muestra crítico contra el sistema y que siempre destaca por ser en todo momento un personaje políticamente incorrecto, incluye también en sus manifestaciones que le daba asco ver el camino que había tomado su país por culpa, principalmente, de las entidades bancarias, las compañías de seguros y los poderosos bufetes de abogados. Casualmente, los colectivos antes mencionados siempre suelen estar en el ojo del huracán en casi todos los países. Suponemos que, como en toda colectividad, existirán las honrosas excepciones.

Para finalizar, queremos realizar una aportación personal a la lista de Oliver Stone y, por eso, añadiremos también a los políticos, a esa clase dirigente de nuestro suelo patrio que, en vista del mal ejemplo que frecuentemente dan a la ciudadanía en forma de corrupción, desvío de fondos, prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, fraude, malversación de caudales, falsedad documental, blanqueo de dinero, delito electoral, nefasta gestión y continuas promesas incumplidas, hacen que la repugnancia sea total.

Por supuesto que de lo dicho anteriormente excluimos a los honrados, que afortunadamente todavía existen, pero, al igual que algunas especies animales, se encuentran, desgraciadamente, en peligro de extinción. Aunque habría que indicar que solo con la honradez no es suficiente, ya que si su pareja de baile es la ineptitud personificada, el dúo no nos vale para nada.

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